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sábado, 26 de abril de 2008

Festival de la solidaridad Latinoamericana (1982)

El momento cumbre para el rock durante Malvinas fue el 16 de mayo, en los campos de juego del club Obras, cuando se llevó el Festival de Solidaridad Latinoamericana.

Una idea inicial fue la de Javier Martínez y Pappo a Luis Alberto Spinetta, charlando que bien podrían ratificar el deseo de paz y ayudar de alguna manera.

Otro proyecto paralelo surgió de Edelmiro Molinari, quien pensó que se podría recaudar dinero en una gran reunión de Almendra, Sui Generis y León Gieco.

Sin embargo, el primer festival a beneficio de los soldados en Malvinas fue a principios de mayo en el Luna Park, donde se mezclaron artistas de diferentes rubros y no tuvo presencia el rock.

Las autoridades querían hacer un concierto con la firme participación del rock: hubo una reunión inicial con el productor Daniel Grinbank, quien a fines del año pasado y había acudido junto a Charly a una invitación de un asesor de Viola para "charlar sobre la música joven".

Grinbank dejó claro que no se debían mezclar géneros y que la convocatoria superaría ampliamente la capacidad del Luna Park, quizás recordando que Seru Girán llenó la Rural con 60 mil personas.

A principios de mayo ser reúnen los productores Alberto Ohanian, Pity Yñurigarro y Daniel Grinbank para organizar el evento, y el día 10 ya tienen planeada la parte de la infraestructura, pero aún sin decidir si hacer 2 Obras (para 16 mil personas) o hacerlo en la calle frente a Obras. Igualmente se ponen en venta las entradas, con la premisa de no recaudar dinero (para evitar problemas) sino ropa de abrigo, cigarrillos, pañuelos y comida. Cuatro días antes del Festival, los organizadores tienen una reunión con las autoridades, quienes prometen toda reunión con las autoridades, quienes prometen toda la ayuda posible en cuanto a cerrar calles, construir tablados y colocar valles.

Se define el lugar en la calle Udaondo, detrás de River Plate, pero también se descarta porque los encargados del escenario (Oski Amante, Miguel Scalise y Amílcar Gilaberyt) deciden que no se puede hacer un escenario tan grande con techo, y también que no contaban con suficientes vallas. Tres días antes se corre el sitio a las canchas de rugby de Obras. Se imprimen más entradas y se acercan camiones del Ejército para llevar lo recaudado. Para el sonido se llama a Milrud, para luces a Quarante, y se opta por no cambiar los instrumentos, sino que todos tocarán con los mismos equipos (como en La Falda '82). Se cambia una vez más el techo y casi todo está listo.


Sin embargo, Policía Federal envía 18 hombres en ves de 150 (para prevenir un desastre ante tanta gente) y más de uno quiere suspender todo... no hay ambulancias ni bomberos adentro.
Finalmente, a las 3 de la tarde -con 40 mil personas afuera- se abren las puertas y la voz de José Luis "Conejo" García pide tranquilidad y orden.


Tras pasar el himno y hacer un minuto de silencio en honor a los caídos, a las 5 empezó el Festival. Dos radios (Del Plata y Rivadavia) y un canal de televisión transmitieron en directo. Aunque algunos esperaban escenas al mejor estilo Wooddstock, con músicos quemando sus libretas de enrolamiento, no ocurrió nadada de eso, y el festival transcurrió con una emoción y mensaje implícito, apenas aclarado por Cantilo y Spinetta, quienes dijeron que era un evento por la paz (y no apoyando a la guerra). Duró 4 horas y por el escenario desfilaron el Dúo Fantasía, Ricardo Soule con Edelmiro Molinari, Cantilo-Durietz (con el elocuente "La gente del futuro"), Dulces 16, (con Pappo), Rubén Rada, Oscar Moro con Beto Satragni, Litto Nebbia, Tantor, Spinetta, y un final con Charly, David, Porchetto, León, Nito y Tarragó... cerrando con "Rasguña las piedras" luego de haber coreado entre todos un elocuente "Algo de paz".
En el diario Clarín, Roque de Pedro escribió: "El Festival de Solidaridad tenía vario objetos y los cumplió ampliamente. Permitió, por ejemplo, que estos miles de jóvenes se solidarizaran con la situación de los soldados en el sur argentino, aportando decenas de miles de prendas de abrigo, único precio exigido para la entrada. También sirvió para que ellos y todos los músicos actuantes (a los que se sumaron muchos otros que estuvieron presentes para ofrecer su colaboración) definieran su mensaje musical hondamente nacional, a manera de agradecimiento para los pueblos latinoamericanos que apoyan a la Argentina en este momento. Y por sobre todo esto, la comprobación de la representatividad que tiene el rock local, personificado a través de artistas que saben compartir el escenario más allá de personalismos. Tal vez este canto mancomunado de la juventud sea también una oración que ayude a la paz".
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